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Estudiando el cielo desde los Andes

Estudiando el cielo desde los Andes

La humanidad, primero, observó el cielo.

Luego, en el Paleolítico Superior desarrolló registros simbólicos para almacenar conceptos y llevar cuentas. Ejemplo de esto es el ‘hueso de Ishango’, un peroné de babuino con marcas talladas por seres humanos hace 20,000 años, hallado en lo que hoy es la República Democrática del Congo y que, se presume, “podría ser uno de los primeros registros del razonamiento matemático de la humanidad” (Almonacid 1).

Con esto, la humanidad pudo dar otro paso en su relación con el firmamento: llevar un registro de lo que veía. Esto, a su vez, permitió que los seres humanos prehistóricos –y, más tarde, antiguos– notaran repeticiones y periodos en el aparente movimiento celeste. Hallazgos como el hueso de Blanchard de Francia, datado hace 32,000 años, parecen representar ciclos de los astros, notorios solo a través de la observación y el registro prolongados, como las fases de la luna y su posición en el cielo (De Semdt y De Cruz 69).

En este Especial conversamos con seis personas que se relacionan con el universo desde la investigación y el astroturismo en Colombia.